lunes, 26 de septiembre de 2011

Roberto Gargarella: "Hoy, muchos intelectuales son servidores del poder"



Cuando a cualquiera le dicen "abogado constitucionalista", no hay asociación libre que valga: la primera imagen que suele aparecer en la cabeza es la de un señor muy serio, conservador, de traje y corbata, que habla, en general, de manera pomposa.

Pero los prejuicios estallan en mil pedazos cuando, por ejemplo, aparece Roberto Gargarella. Que, además de abogado y profesor de Derecho Constitucional en la UBA, es sociólogo, un empedernido cinéfilo, simpatizante del Frente de Izquierda que lidera Jorge Altamira y alguien que no usa traje ni corbata ni teléfono celular y que confiesa que en su vida influyó más una canción de Bob Dylan cantada por Nina Simone que todos los libros de Derecho Penal que pudo haber estudiado.

Y que causa cimbronazos en el mundo político e intelectual cuando, como acostumbra a hacer en columnas periodísticas o en su blog, opina que la democracia "es un sistema plano, opaco y chato de votación", cuando advierte que "la idea del orden sigue siendo reaccionaria" o cuando, de alguna forma, justifica los piquetes al poner su foco en que "muchas veces las causas de la protesta social tienen que ver con el incumplimiento del Estado de sus propias obligaciones constitucionales".

En este tipo de posturas se le nota su condición de discípulo del filósofo y jurista Carlos Nino, para quien los derechos individuales también incluían la existencia de los derechos socioeconómicos, y lo mismo queda en evidencia en su crítica al híperpresidencialismo, una de las tantas facetas del modelo político argentino a partir de la cual este abogado aprovecha para convertirse en un severísimo cuestionador del kirchnerismo por considerar, como afirma a Enfoques, que "la visión dominante en el Gobierno es muy poco igualitaria, muy marcada por principios excluyentes antes que integradores, muy elitista en el modo en que se la concibe".

De 47 años, soltero, un origen humilde, un hermano de la misma profesión que él y una hermana guionista de cine, Gargarella es investigador del Conicet, dirige una revista jurídica en la Universidad Di Tella, fue profesor de las universidades de Columbia, Harvard, Nueva York, Berge y Pompeu Fabra y escribió una veintena de libros, incluido su último proyecto, La Constitución en 2020. 48 propuestas para una sociedad igualitaria , que acaba de editar Siglo Veintiuno.

Allí escribe un capítulo y coordina los trabajos de varios especialistas sobre qué debería incluir la Carta Magna si se modificara. Tiene mucho que ver con su idea de que las reformas constitucionales estuvieron "muy motivadas por el cortísimo plazo" y de que si hubiera que volver a pensar en el tema habría que hacerlo "a partir de qué drama nos angustia: el drama de la igualdad".

En estos últimos meses, Gargarella se hizo conocido por haber aparecido en debates televisivos con integrantes de Carta Abierta, a quienes se les complica refutar argumentos que no provienen de un exponente de la "derecha destituyente", sino de un independiente de izquierda que advierte: "La intelectualidad progresista tiene que ser crítica del poder. Muchos de mis colegas han pasado a ser justificadores del poder, en lugar de ayudar a pensar sobre los problemas que generan los modos en que se ejerce el poder. Han pasado a ser servidores del poder."

-¿Cuál fue el origen de su nuevo libro ?

La idea es pensar la Constitución al mediano plazo, lograr una reflexión que es crucial del típico acercamiento de cortísimo plazo que ha ido caracterizando a los distintos proyectos de reforma, también constitucionales, en la Argentina y en América latina. La condición necesaria de una buena Constitución es la de plantearse un drama colectivo a resolver. La Constitución originaria de los Estados Unidos se planteó el drama de las facciones. La Constitución alberdiana , el tema del desierto y la necesidad de poblar. Y las bolivarianas, la idea de fortalecer el poder para hacer posible la independencia. Eran todas Constituciones planteadas a partir de una tragedia, un drama, una necesidad imperiosa. Pero empezamos a acostumbrarnos a Constituciones muy motivadas por el cortísimo plazo. En los años 80 hubo un intento de hacer una reflexión interesante: reconocer que había una historia de cincuenta años de golpes de Estado y que la Constitución algo tenía que ver con eso. Muchos constitucionalistas, como Carlos Nino, identificaron que el hiperpresidencialismo era funcional a los golpes de Estado. Como esta figura concentra todo el poder, si hay un problema con ellas se piensa que había que tirarlas abajo. Entonces, se identificó una tragedia, un drama, el del hiperpresidencialismo, y las Constituciones al final terminaban sirviendo, otra vez, al corto plazo, a la reelección. Hoy, hay que hacerse la pregunta sobre una reforma, pero a partir de qué drama nos angustia. Hay uno, claramente: el drama de la igualdad. Y algo puede hacer la Constitución sobre eso.

-La última reforma constitucional confirma que el problema es que muchas veces no se cumple con su contenido. Los derechos sociales y de participación que se incorporaron en 1994 parecen, a veces, letra muerta.

-Acá hay dos puntos interesantes. Es cierto que hay enormes problemas de cumplimiento, pero también, que pasan un montón de cosas a partir de la Constitución. Uno podría decir que el Derecho no se cumple. Después entramos en la letra chica y vemos que pasan cosas, que se litigan casos por vivienda, por salud, por vacunas contra el sida. Entonces, la Constitución es relevante. En todo caso, hay partes que no se cumplen, pero siguen siendo aspiraciones importantes. Muchas veces uno instala en la Constitución cláusulas que van a quedar durmiendo: las llamo cláusulas dormidas. Pasó eso con los derechos sociales: se instalaron en toda América latina, durmieron durante 50 años y a lo mejor fue una apuesta sensata porque algún día las condiciones sociales y políticas van a cambiar y ya tenemos eso escrito. Los países que no lo tenían escrito, como Chile o Estados Unidos, tienen muchas más dificultades para llevar adelante políticas sociales, sobre todo cuando son impulsadas judicialmente, porque no tienen el apoyo textual. Y toda la parte de los derechos sociales y de participación se activó muchísimo en estas nuevas constituciones. Pero el error crucial de la izquierda en los debates constituyentes fue que se concentró en la antesala de la Constitución, que es la que tiene que ver con todos los derechos, y dejó al poder de turno el control de la sala de máquinas de la Constitución, que es cómo se organiza el poder.

-¿Y eso qué implicó?

-Que apenas se quisieron activar las cuestiones sociales empezaron a ser atacadas por el Poder Ejecutivo. En Ecuador, cada vez que existió una iniciativa destinada a activar esa parte social de la Constitución, como darles lugar a los indígenas o permitirles a las comunidades opinar sobre recursos naturales, hubo un veto presidencial.

-En la Argentina pasa lo mismo, sumado a los decretos de necesidad y urgencia.

-Claro. No es muy distinto porque seguimos parados sobre una matriz institucional liberal- conservadora como la del 53. Entonces, ¿se incorporaron cláusulas que valían la pena? Sí. ¿Tiene sentido tener los derechos humanos a nivel constitucional? Sí. Pero si no se toca la sala de máquinas de la Constitución, entonces se está jugando un juego que se sabe que se va a perder.

-¿La izquierda ahora lo tiene en claro?

-En el progresismo empezó a predominar una visión complaciente respecto de la concentración de poder. La ven como funcional a su proyecto, aunque siempre ha estado en contra de un proyecto de avanzada, de ampliación de la ciudadanía. Hay complacencia y convivencia con poderes concentrados porque se cree que pueden estar al servicio de las buenas causas. Pero el mal efectivo de hoy en América latina es no reconocer que si uno defiende la democracia, la igualdad política, lo primero que tiene que hacer es estar en contra de la concentración de la autoridad.

-Lo vi debatir por TV con María Pía López, de Carta Abierta. ¿Le resulta cómodo el papel de intelectual opositor?

-Hay cantidad de gente amiga, y que uno respeta, en Carta Abierta. También están muchos de quienes fueron mis profesores. Pero tengo un punto insistente: la intelectualidad, sobre todo la progresista, tiene que ser crítica del poder. De todo poder. No se puede ser crítico con el poder económico pero no con el político, o crítico con el poder político pero no con el económico. Muchos de mis colegas han pasado a ser justificadores del poder, en lugar de ayudar a pensar sobre los problemas que generan los modos en que se ejerce el poder. Han pasado a ser servidores del poder.

-Muchos intelectuales de prestigio terminan aplaudiendo una concepción muy verticalista y disciplinada de la política.

-Totalmente. Además, esto se vincula con la democracia política. Porque asumimos que alguien no va a tener autoridad sobre nosotros por su apellido ni por la familia de la que viene, y entonces tenemos que estar situados en un pie de igualdad discutiendo. Eso es contradictorio con la idea de que hay alguien arriba que nos manda. Una cosa es delegar la autoridad para ordenar la vida, pero, ¿cómo uno no va a asumir una opinión crítica frente a esta idea verticalista en donde el poder está arriba y uno tiene que justificar lo que hace? ¿Cómo no asumir una posición crítica cuando la visión dominante en el Gobierno es muy poco igualitaria, muy marcada por principios excluyentes antes que integradores, muy elitista en el modo que se la concibe?

-Usted también ha cuestionado uno de los mitos del modelo K, que es el que sostiene que este gobierno no reprime la protesta.

-Es empíricamente falso porque tenemos más muertos que en la mayoría de los gobiernos anteriores. Pero además, y esto es mucho más serio, se preservan intactas las estructuras que afirman la desigualdad, la injusticia. El Gobierno aparece permanentemente pactando con ciertos sectores del empresariado para transferir fondos a entes no públicos, sin los controles que podrían tener las instituciones estatales y, al mismo tiempo, sobreexplotando a los trabajadores. El caso de la Unión Ferroviaria es exactamente eso: es el Gobierno el que sobreexplota a los tercerizados. Hacer eso y, al mismo tiempo, hablar de justicia social o de no represión es mantener un doble discurso ofensivo.

-¿También cuestiona la política de seguridad del kirchnerismo, a la que los sectores duros critican por garantista?

-Néstor Kirchner tuvo una política consistente en materia penal: siempre criticó al garantismo y siempre criticó también a los criminales que entraban por una puerta y salían por la otra. Siempre guiñó con un ojo una postura progresista y con el otro a la postura de mano dura. El caso Blumberg ayudó a convertir al Código Penal en Frankenstein, y eso es obra del gobierno de Kirchner. Quien quiera asociar al kirchnerismo con el garantismo tiene un problema muy serio.

-Cuando usted habla de la protesta social parece que justificara todos los piquetes.

-Concibo la democracia, fundamentalmente, como una discusión entre iguales y existe un problema si hay voces que están ausentes sistemáticamente y también si no hay discusiones permanentes sobre los temas públicos que nos importan. Y en la Argentina tenemos déficit en todos estos sentidos. Eso explica que muchos jueces interpreten que cualquier protesta es, en principio, una ofensa a la democracia y un acto sedicioso. Es una visión tremendamente estrecha de la democracia. Cuando uno concibe la democracia como la discusión entre iguales, se celebra el hecho de que haya gente que se queja y de que podamos escucharla porque los canales institucionales no les sirven para hacerse escuchar. Esto no implica dar un cheque en blanco a protestas de cualquier tipo, pero sí que el primer impulso debe ser protectivo, sobre todo en una sociedad cada vez más desigual.

-El Gobierno tiene un impulso protectivo al permitir cualquier tipo de protestas.

-Frente a la brutalidad punitivista, reivindico lo que se llamaría el liberalismo de las garantías. Ahora, también hay una cierta torpeza en el liberalismo garantista porque muchos de los problemas en los que aquí estamos pensando requieren de un activismo y un compromiso público muy fuerte, no meramente el "no hacer". La versión torpe del liberalismo garantista es: no hacemos nada. Si alguien le rompió la cabeza al otro en una marcha, ¿no hacemos nada porque es una protesta social? No, el liberalismo garantista es preocupación por las garantías de todos. Estoy con una idea de un Estado activo, comprometido, lo que implica tomar medidas y también hacer reproches. Pero se puede reprochar sin castigar o castigar sin pensar que el castigo es cárcel.

-Usted fue muy duro en sus críticas a los jueces por considerar que actúan con "clasismo, prejuicios e ignorancia". ¿No es mucho?

-Eso es un enunciado. Hay muchos jueces honorables, interesantes, que trabajan bien, pero hay un perfil general que nos dice que cuando se trata de casos que involucran a gente más poderosa, la Justicia tiene muchos problemas para actuar con imparcialidad. El reciente caso de la sentencia absolutoria a Carlos Menem muestra un grave fracaso del Derecho. Para quienes pensamos el Derecho desde un punto de vista igualitario es un golpe muy duro: demuestra que años de trabajo, de argumentación, de búsqueda de pruebas, de investigación, se disuelven en un instante si aparece el llamado telefónico o la movida política apropiada. Que fue claramente lo que ocurrió acá. Y no es que el aparato coercitivo no funcione: las cárceles están llenas, se construyen más y el conflicto incluso es por la sobrepoblación. El problema es que el poder coercitivo actúa de un modo selectivo y las mejores cabezas del Derecho suelen estar al servicio de los poderosos.

-No es una crítica que se escuche habitualmente entre sus colegas. ¿Usted es un exagerado o existe una visión más complaciente del mundo del Derecho por parte de quienes integran ese ambiente?

-Soy alguien del Derecho que se dedica tiempo completo a la investigación, pero la ausencia de investigarlo full time ha ayudado a contribuir a una práctica muy complaciente con las decisiones judiciales y con las del poder. Como los que enseñan Derecho litigan, tienen que ser amigos del poder y de la Justicia. La falta de independencia académica genera una práctica de cierto servilismo y eso ha hecho que tengamos una doctrina mucho más pobre de lo que podría ser.

-¿Y qué pasa en las universidades?

-Se convierten en reproductoras de lo que existe. Lo que se escribe sobre Derecho es muy malo, muchos profesores lo consideran aburridísimo, dogmático. Y los jueces escriben de modo rarísimo, oscuro, con vocación de que no se entienda nada de lo que dice. Sin embargo, las facultades siguen llenas de gente con mucha vocación transformadora, de gente con real voracidad por escuchar algo distinto. Hay un mecanismo somnífero dentro del Derecho, y lo triste es cuando las facultades sirven para adormecer.
MANO A MANO

Fue una charla apasionante la que tuvimos con Roberto Gargarella, pero no sé si una sociedad como la nuestra está mayoritariamente preparada para escuchar y aceptar el pensamiento de alguien como él. No sé si yo mismo estoy preparado para aceptarlo, aunque lo escuché y todavía sigo pensando algunas de las cosas que más polémica interna me generan. En particular cuando habla de pensar la protesta social como algo para celebrar e incluso proteger porque el problema de origen es la injusticia que genera esa protesta. Nadie podría discutirlo en términos conceptuales, pero sí en el plano real de las verdaderas motivaciones de los Hugo Moyano o los Luis D'Elía. Aun así, Gargarella no parece un investigador de laboratorio, alejado de la vida cotidiana. Lo que dice va en sentido contrario a la simplificación cotidiana de algunos de los dilemas que nos afectan, que nos trastornan. Este tipo de intelectuales suele atrincherarse en el mundo de las ideas, pero a este abogado-sociólogo lo apasionan el debate y la argumentación, a veces con ciertos visos de provocación. No está nada mal para un momento del país en el que unos y otros se acusan de tener un discurso único y dominante

viernes, 9 de septiembre de 2011

Duhalde reorganiza la tropa y va con todo

El candidato presidencial del Frente Popular dio comienzo al plenario de su partido a fin de delinear el último trama de su campaña de cara a los comicios del 23 de octubre. A las 16 dará una conferencia de prensa junto a su compañero de fórmula, Mario Das Neves



Crédito foto: NAEduardo Duhalde abrió hoy un plenario de su partido para delinear el relanzamiento de la campaña de cara a los comicios del 23 de octubre. Además del bonaerense, participan del encuentro su compañero de fórmula, Mario Das Neves, y el titular de la 62 Organizaciones Peronistas, Gerónimo "Momo" Venegas.

Das Neves, la candidata a senadora Hilda Chiche Duhalde y la postulante a diputada Graciela Camaño, fueron los primeros en llegar al edificio de Avenida Independencia 3058, donde se hicieron presentes también los 500 candidatos que tiene el Frente Popular en todo el país.

Si bien el plenario estaba convocado para las 11, Eduardo Duhalde y Gerónimo Venegas llegaron, casi juntos, al mediodía, sin hacer declaraciones a la prensa. Se prevé que, pasadas las 16, Duhalde y Das Neves den una conferencia de prensa para anunciar los nuevos lineamientos de la candidatura.

Frenan fondos del plan de cooperativas

El Plan Argentina Trabaja , aquel programa social que la Casa Rosada lanzó luego de la derrota electoral de 2009 y que este año tenía la promesa de llegar a unos 250.000 beneficiarios en todo el país, comienza a mostrar signos de parálisis y cada vez carga con más denuncias de irregularidades sobre el manejo discrecional de los fondos o la incorporación de nuevos trabajadores.

Además, según datos oficiales del Ministerio de Economía, en el primer semestre de este año sólo se ejecutó el 22,9 por ciento de los fondos acreditados, cuando lo normal hubiera sido una inversión de aproximadamente la mitad de los 3.683.362 pesos que se iban a usar en todo 2011. Según datos oficiales, este programa cuenta hoy con 154.600 beneficiarios. Es decir, una cifra lejana a los objetivos originalmente impuestos.

Pese a que los trabajadores cobran regularmente 1200 pesos por mes por las actividades que realizan, las distintas organizaciones sociales que digitan las cooperativas reclaman el aumento de un monto que nunca se actualizó, a pesar de la inflación.

La situación fue admitida por funcionarios nacionales y bonaerenses consultados por LA NACION, aunque negaron que existan irregularidades en la ejecución del plan.

Según una auditoría realizada por la Fundación Siena con el apoyo de la Fundación Konrad Adenauer, sobre la base de información oficial publicada por la cartera de Economía, el Plan Argentina Trabaja tuvo durante el primer semestre una ejecución del 22,9% del total del crédito vigente para todo 2011. Para las 10 provincias donde está el programa Argentina Trabaja, durante enero y julio se invirtieron 843.369 pesos de los 3.683.362 pesos que tiene a disposición, detalla el trabajo dirigido por los investigadores Gisell Cogliandro y Ariel Melamud.

La primera consecuencia de esta subejecución es la parálisis de las obras, lo que a su vez se trasladó en la escasez de altas de nuevos trabajadores.
Los reclamos

Las organizaciones sociales están en pie de guerra. Para el próximo miércoles, a las 11, se espera un corte en Avenida de Mayo y 9 de Julio, para exigir el aumento en los beneficiados del plan y del salario que se cobra mensualmente.

Ya había sucedido el 25 de agosto pasado, cuando militantes de Quebracho y la CTD-Aníbal Verón, entre otras organizaciones, cortaron nueve puntos del país.

"Nosotros llamamos a este programa el Plan Votar, porque les dan lugar a las organizaciones cooptadas por el Gobierno para que vayan a aplaudir en los actos y a votar por ellos", expresó uno de los referentes del grupo MTR-CUBA, Oscar Kuperman, que esta semana encabezará la protesta en el microcentro.

"Hace dos años presentamos 886 compañeros para ingresar a trabajar y sólo nos dieron 140 lugares. Desde el ministerio dicen que no hay posibilidad de extenderlo más", agregó.

Los grupos piqueteros admitieron que los sueldos se cobran con regularidad, pero se quejaron de que el monto nunca se actualizó. "Quedó muy desfasado el salario; 1200 pesos con la inflación que hay no alcanzan para nada", sostuvo Daniel Menéndez, de Barrios de Pie, que también sumó críticas: "Queremos que el plan se extienda y que no sea tan acotado".

También se apunta a la falta de materiales para realizar los trabajos que se asignan en el programa. "No nos dan ropa ni nada. En La Matanza, por ejemplo, tuvimos que comprar pintura para escuelas y jardines, cuando debería haber un fondo del ministerio para eso", contó el líder de la Corriente Clasista y Combativa (CCC), Juan Carlos Alderete. Otras quejas similares mencionan la falta de herramientas para trabajar en las obras de las cooperativas.

No sólo las organizaciones antikirchneristas desnudaron algunas deficiencias del Plan Argentina Trabaja, sino que también lo hicieron grupos oficialistas -que aceptan tener en su órbita unos 30.000 planes en el conurbano bonaerense- como el movimiento Evita, de Emilio Pérsico, y el Frente Transversal, de Edgardo Depetri.

"Creemos que tiene que haber un pago por productividad y no un salario encubierto [fijo de $ 1200]", afirmó un importante allegado a Pérsico a LA NACION, y agregó: "Para eso estamos haciendo una federación de cooperativas, para tener más independencia".
Actualización salarial

A su vez, Depetri, sostuvo que "no es fácil encontrar actividad para todos los anotados, aunque siguen cobrando lo mismo", y admitió: "Nunca se aumentaron los 1200 pesos, debería adaptarse un poco al sueldo básico", a las actualizaciones salariales que se realizaron en los trabajos formales de la actividad privada.

Desde el Ministerio de Desarrollo Social, que dirige la cuñada de la Presidenta, Alicia Kirchner, el responsable de la unidad ejecutora de Ingreso Social con Trabajo, Aldo Marconetto, informó a LA NACION que en todo el país hay aproximadamente unos 154.600 beneficiarios, y reconoció que este año no hubo nuevos.

"En estos días estamos haciendo reempadronamiento de beneficiarios y evaluando próximas medidas", dijo Marconetto, aunque no dio más precisiones, pese a que a principios de año se había prometido llegar a unas 250.000 personas.

A su vez, el secretario de Participación Ciudadana de Buenos Aires, Eduardo Ancona, que coordina el plan a nivel provincial, especificó que bajo su administración hay 32.000 beneficiarios. "Acá no se amplió, pero eso depende de Nación, al igual que el aumento de sueldos y el envío de fondos para materiales. Nosotros no tenemos ningún problema", subrayó.

viernes, 2 de septiembre de 2011

“Sin conducción política, la Bonaerense es generadora de delito”

El juez del fuero Contencioso Administrativo de La Plata Luis Federico Arias, un crítico del ministro Casal, cuestionó la actuación de la Policía Bonaerense en el caso de Candela Rodríguez y advirtió que el “aumento del crimen organizado no puede darse sin connivencia policial y política”.

El accionar de la Policía Bonaerense está otra vez en el foco de la discusión. Como hace más de una década con la Masacre de Ramallo o hace dos años en el Caso Pomar, la inoperancia de la fuerza quedó expuesta ante la mirada de una sociedad que atónita observa como el crimen organizado actúa casi sin oposición estatal. Con ese panorama y con la investigación del asesinato de la niña muerta en Hurlingham en marcha, el juez del fuero Contencioso Administrativo de La Plata Luis Federico Arias, un crítico de la gestión policial actual, plantea que “si hay un aumento del crimen organizado es porque hay connivencia por parte del poder político y policial”.-¿Qué análisis se puede hacer de la actuación de la Bonaerense en el caso Candela?-La policía tiene una conducción que debería ser política y esta conducción se ha abandonado. Son errores tan grandes que hacen pensar en cierta complicidad o en la posibilidad de estar ocultando a alguien. No digo que sea así pero habría que investigarlo. Cuando hay delitos de esta magnitud, desde Ramallo hasta Píparo siempre aparece la pata policial y no sería extraño que haya algún tipo de elemento. Ésta es una fuerza policial generadora del delito y sin conducción política. El problema es estructural, pese a las reformas, las contrarreformas no permitieron que haya un avance en esta policía que está implicada con el delito por acción u omisión.-Sin resolución aún, se habla de que el crimen puede estar relacionado con piratería del asfalto o narcotráfico. ¿Pueden existir estas bandas sin protección policial? -Debemos tener presente, si alguna visión deja esta situación, es que en Argentina el poder del crimen organizado ha crecido y es tan poderoso que puede burlar el poder de la policía y el Estado. Este es un dato alarmante y resulta alarmante que se den constantes desapariciones de chicos, por ejemplo. Antes teníamos robos a bancos, secuestros y ahora aparecen estas desapariciones. Y este crecimiento se da porque justamente hay connivencia del poder político y las fuerzas de seguridad. Es imposible pensar que todo pueda avanzar sin que lo permitan las autoridades políticas y policiales. Seguramente las bandas han contado con el amparo, no existe otra manera de creamiento de este poder delictivo.-¿Es inmanejable la Bonaerense?-No es inmanejable. Hay que tener la voluntad política de terminar con esa corrupción pero la complicidad de la fuerza con el poder político en el manejo de distintos negocios hace que esto no se pueda acabar. La política necesita de dinero, todos lo sabemos, y esa fuente de financiamiento a veces es el negocio ilícito. En un momento fueron los desarmaderos, el juego clandestino pero hay delitos graves como este en donde la fuerza también aparece involucrada-Queda claro que las reformas de los últimos años más las purgas policías sospechados de delito sólo actuaron como pantalla sin atacar el fondo…-Ni siquiera hay una pantalla. El gobernador Scioli junto con Ruckauf han echado desembozadamente para atrás todas las reformas que se hicieron. En 1998, a partir del Caso Cabezas, se intervino la Bonaerense. Tenemos una policía que mantuvo el esquema de la fuerza represiva, la de Camps, la de Etchecolaz, a pesar de estar en democracia. Ni bien comenzó la democracia tendríamos que haber reformado esa estructura y fue recién en el 98 que se empieza a tomar las primeras medidas con la intervención civil. Por primera vez se le puso una cabeza civil con Luis Lugones, luego se crearon 18 departamentales, se crearon métodos de control, participación popular, se le quitó el poder de investigación judicial, se puso eso en manos de los fiscales, hubo reformas importantes. Pero vino Ruckauf, instaló al jefe de la policía, puso otra vez un mando jerarquizado y después Scioli lo completó. - ¿Por qué desde el poder político no se habla del fin del autogobierno de la policía?-Por su puesto que el puntapié inicial es terminar con el autogobierno de la policía. Pero esta gestión como la de Ruckauf no lo proponen. Además, algunos postulantes como De Narváez anunció que iba a tener un jefe policial, esto es toda una definición porque está en juego el anterior modelo contra el modelo reformista. Tiene que haber una política de Estado estable. Debería haber un consenso con los máximos referentes posibles y debe ser sostenido en el tiempo con la finalidad de cambiar estructuralmente a la policía, en la formación, en los ámbitos de socialización, en los controles de la población civil. Lo que sucede es que esta es una sociedad altamente corrupta y los delitos también parten del poder político. Hablamos de estos casos de violencia interpersonal pero no hablamos de la criminalidad política. -¿Puede haber un regreso del discurso de la mano dura luego de este caso?-Por supuesto, el expediente más sencillo es la mano dura. Pero si la vamos a implementar comencemos por los más poderosos, por el poder político que tiene un alto nivel de criminalidad. Hay impunidad absoluta, basta recorrer los diarios. Se pueden ver funcionarios procesados a nivel nacional como Ricardo Jaime, o en la Ciudad como Ciro James, hay movimientos. Pero no hay un solo caso en la Provincia ¿son todos honestos los funcionarios? ¿No hay delito? Lo que sucede es que no los investigan, a mi me incumplen las sentencias y eso es un delito. Tengo listados de denuncias y jamás han sido investigados. Si hay mano dura tiene que haber un acuerdo civil en donde los primeros que se someten a esa mano duro son los funcionarios, sino el mensaje es contradictorio.Pero la sociedad empieza a darse cuenta que este no es el camino. Las últimas encuestas revelan que la seguridad deja de ser un tema que está en el punto máximo de preocupación. Estas situaciones de violencia son la punta de iceberg y son la resultante de una serie de problemáticas profundas que a veces los gobiernos -¿Estuvo bien encaminada la investigación?-No podemos decir que no hubo encubrimiento. Parece increíble que con todos los elementos de inteligencia no se pudo dar con pistas mínimas. No digo encontrar a la chica pero tendría que haber habido una investigación orientada a ese objetivo. Creo que esta falencia habla más de cierto encubrimiento que una ineficacia de la policía-¿Qué opina del rol de los medios en el caso?-Han utilizado esto de manera morbosa. Mostrar imágenes de la chica muerta no ayuda. Esto tiende a generar un impacto visual que oculta cosas más graves. En vez de mostrar el cuerpito en una bolsa por qué no se ponen a investigar el problema de la policía. Es de una ingenuidad absoluta pensar que la policía no pudo encontrar a la nena cuando todo el país la estaba buscando.-¿Cree que hay utilización política del crimen?-El hecho de que el Gobernador venda la imagen, la morbosidad de estar presente junto a Casal y lo difunda, es terrible. Lo vende como una forma de mostrarse junto a la gente como si él fuese un espectador cuando es un problema que lo involucra. Se trata de maquillar una situación de mucho dolor con fines políticos cuando la policía y la propia Justicia fallaron otra vez.El Gobernador busca rédito político mediático haciéndose presente en el lugar con el cuerpo de la nena muerta con los medios grabando todo cuando en verdad debería estar preocupado por este vacío investigativo y la falta de inteligencia de la fuerza.